La abuela que vivió 116 años desafiando a los nutricionistas

Superar a la francesa Jeanne Calment, fallecida a los 122 años, podría ser el próximo desafío de Emma Morano, convertida esta semana en la mujer más anciana del mundo con 116 años. Esta italiana, nacida el 29 de noviembre de 1899, es la última persona conocida que atravesó tres siglos.

Aunque la asociación Guinness World Records no lo había confirmado aún, hasta la semana pasada la persona más anciana del mundo era una argentina, Celina Del Carmen Olea, que falleció a los 119 años. Murió casi al mismo tiempo que la estadounidense Sannah Mushatt Jones, que con 116 había sido certificada como la más vieja por la mujer más vieja por el Guinness.

Ahora, Emma Morano es la única persona viva que nació en el siglo XIX. Este sábado, fue entrevistada por la agencia AFP en su pequeño departamento en Verbania, una ciudad del norte de Italia.

En contra de todos los consejos dietéticos, Emma evita las verduras, prefiere la carne, incluso cruda, y nunca olvida comer al menos un huevo crudo al día

Sólo unos minutos después de que suene el despertador que la levantó de su segunda siesta cotidiana, ya está lista para la foto, sonriente, sentada bien recta al borde de su cama. “Estoy muy bien, ¿quiénes son ustedes?”, pregunta la mujer con una voz difícilmente audible, pero no temblorosa. Según confirmó su médico a la prensa italiana, el anuncio de su nuevo título mundial la “rejuveneció”.

EMMA

En contra de todos los consejos dietéticos, Emma evita las verduras, prefiere la carne, incluso cruda, y nunca olvida comer al menos un huevo crudo al día. Le gusta la compota de manzana, las galletitas, la Colomba (una torta rica en huevos y manteca que los italianos asocian a Pascua), o incluso el Pannetone y el Pandora, dos preparaciones muy calóricas que se comen en Navidad.

En una entrevista el año pasado, Emma Morano atribuyó su longevidad al hecho de haberse separado de un marido violento en 1938, poco después de la muerte de su único hijo.

Un matrimonio infeliz que nunca borró el recuerdo de su amor verdadero, quien partió al frente durante la Primera Guerra Mundial y nunca volvió. Abandonar a su marido en un pequeño pueblo católico de Italia en los años 30 no era fácil, y Emma no tuvo otra elección que ponerse a trabajar en una fábrica de bolsas de tela de yute para poder satisfacer sus necesidades.

Diagnosticada de anemia a los 20 años, su médico le aconsejó comer al menos tres huevos al día, dos crudos y uno hervido. Mujer de costumbres, se levanta cada día a las 8, almuerza a las 11 y cena a las 18. Después de cada comida, se echa una siesta y antes de acostarse a las 23 también come algo.

Es una rutina que ella sigue con atención. “Estoy muy bien, estoy muy bien y durante mucho tiempo así será, estaré con ustedes”, prometió por sus 116 años.

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