Tras su último gran discurso Lula pasó su primer noche en prisión

Tras finalizar el discurso, Lula, condenado a 12 años de cárcel por corrupción, aún se hizo esperar. Fue llevado a hombros hasta el edificio donde había estado refugiado en los dos últimos días y almorzó por última vez con su familia. Sobre las 17.00 de la tarde, se dispuso a salir en un coche, pero decenas de militantes bloqueaban la puerta y gritaban que no le iban a dejar marcharse. Volvió al edificio y la situación se prolongó durante hora y media, en un ambiente muy tenso. Al final, el expresidente salió a pie y, entre empujones, se subió a un vehículo blindado de la policía. Eran poco después de las 18.40 de la tarde y Lula quedaba técnicamente detenido. Sobre las 20.00 llegó a la sede de la Policía Federal en São Paulo para someterse al preceptivo examen médico. Otro grupo de ruidosos militantes le esperaba allí. Solo se demoró unos minutos para salir en helicóptero hacia el aeropuerto de Congonhas, donde lo esperaba un avión rumbo a Curitiba, la ciudad en la que cumplirá condena.

Así que, luego de dos días, Lula salió sobre las 10.30 de la mañana para asistir a una misa en memoria de su fallecida esposa, celebrada en plena calle, sobre el camión instalado la víspera para servir de escenario a los discursos políticos de sus seguidores, entre las banderas rojas de los militantes y con la participación de un grupo de músicos. Terminada la ceremonia, el expresidente tomó el micrófono y comenzó con las despedidas, que dieron paso a un discurso vibrante, tan cargado de reproches para sus acusadores como de frases solemnes. “Yo no soy un ser humano más. Yo soy una idea”, llegó a proclamar. “Mis ideas ya están en el aire y nadie las podrá encerrar. Ahora vosotros sois millones de lulas”.

El líder que ha protagonizado tres décadas de política brasileña reprodujo el estribillo del discurso de Martin Luther King para explicar su sueño de un país más justo, donde millones de pobres pudiesen incorporarse a la economía, tener oportunidades, ir a la universidad, un país donde nadie pasase hambre. Es precisamente por eso, defendió, que ha sido condenado. Porque, según la tesis de Lula, “ellos” no soportan que “los pobres puedan comprar un coche, puedan ir a la universidad, puedan viajar en avión”. Siempre acompañado por la expresidenta Dilma Rousseff, derribada en 2016 por un proceso de destitución parlamentaria, Lula atacó: “El golpe no terminó con Dilma, el golpe tenía que continuar para impedirme ser candidato”.

Así, encadenando una frase de efecto tras otra, fue llegando hasta el final. Después de anunciar que se entregaría, se apresuró a matizar: “Voy a llegar de cabeza erguida y voy a salir con el pecho hinchado”. Y aunque todo sonaba como una larga despedida, y en algún momento llegara incluso a aludir a la muerte, Lula no se resistió a mantener firme hasta el final su imagen de luchador: “Voy a salir de esta más grande, más fuerte e inocente. Porque voy a demostrar que son ellos los que han cometido un crimen”.

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